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Javier Albert Gutiérrez, Alicante, 02/04/08 Empezamos el último trimestre y
vamos a ver –o no querer ver-- los mismos problemas que en los dos anteriores
y que veremos en el próximo curso. Se resuelven conflictos puntuales pero no
se toman medidas preventivas. Parte del problemática actual de la enseñanza
arranca de Con Los profesores se cargaron de
asignaturas exóticas, mientras se redujo las horas dedicadas a asignaturas
troncales, como las Matemáticas, Lengua, Literatura, Geografía, Historia,
Física, Química y Ciencias de El problema básico que tuvo es que no se le dotó de medios económicos. Todo era ideología y palabrería. Se hicieron miles de cursos, se forraron de dinero los sindicatos, los centros privados y unos pocos profesores. Ellos se chuparon toda la pasta y nosotros los problemas, y fue a costa de restarles tiempo a los profesores de sus horas complementarias. La calidad en la enseñanza, como en otros trabajos, tiene que partir de la base de subir el presupuesto económico para bajar la ratio profesor/alumnos, dotando a los colegios y las aulas de ordenadores, medios telemáticos, buenos libros con controles de calidad, libros centrados en contenidos científicos, no ideológicos, y escritos por profesionales, no por chiquilicuatres ni por predicadores fanáticos de paraísos idílicos. El dinero de la enseñanza tiene
que ir para dotar de medios a los colegios, los institutos y las universidades,
no para las “psicopedaempresas” de cursillos ni los “psicopedamedradores”,
que ni saben lo que enseñan ni lo que enseñan para enseñar está contrastado
por la experiencia. La democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos, pero como todo en la vida esta sometida a la ley de la entropía. La democracia tiende a degenerar en demagogia y partitocracia mediocrática, y, llegado a un punto, tienen que surgir nuevos líderes que se hagan eco de la regeneración que reclama la ciudadanía. La sociedad civil avanza y las leyes y las instituciones se esclerotizan. Todo aquello que no funciona por sí mismo, por su propia productividad, se convierte en una carga en vez de un servicio. Y la carga de los niños mal educados se hace cada vez más pesada para la sociedad, porque la carcome desde dentro. Javier Albert Gutiérrez |