LA LOGSE, UNA UTOPÍA CONVERTIDA EN DESASTRE

 

 

Javier Albert Gutiérrez, Alicante, 02/04/08

 

Empezamos el último trimestre y vamos a ver –o no querer ver-- los mismos problemas que en los dos anteriores y que veremos en el próximo curso. Se resuelven conflictos puntuales pero no se toman medidas preventivas. Parte del problemática actual de la enseñanza arranca de la LOGSE, una reforma utópica pensada por ideólogos delirantes para estudiantes químicamente puros con ansias infinitas de sabiduría. Algo tan alejado de la realidad que siempre ha resultado catastrófico en todos los campos.

 

Con la LOGSE hay profesores que tiene que evaluar hasta 200 alumnos u ocho clases, porque son asignaturas de una, dos o tres horas a la semana, mientras que con el anterior EGB y BUP, al tener una asignatura cuatro o cinco horas, el profesor podía explicarla mejor y tenía menos alumnos para evaluar, menos exámenes para corregir, y, por lo tanto, podía dedicarles más tiempo. Se impusieron una serie de asignaturas que sólo lo son de título, pues no tienen programa ni contenidos, son “marías”, donde los alumnos va a pasar un buen rato haciéndole pasar un mal rato al profesor. Estas “marías” son la escuela donde los docentes perdieron prestigio y autoridad y los discentes aprendieron sinvergonzonería, bullying y acoso.

 

Los profesores se cargaron de asignaturas exóticas, mientras se redujo las horas dedicadas a asignaturas troncales, como las Matemáticas, Lengua, Literatura, Geografía, Historia, Física, Química y Ciencias de la Naturaleza, desapareciendo otras de gran base humanística como el Latín y la Historia de España, una Historia de un país imprescindible para comprender el Mundo y la Historia de la Humanidad. La enseñanza española está totalitariamente degradada. El deterioro desde que se impuso este sistema ha sido galopante. La LOGSE ha sido nefasta en todos los aspectos, tanto en los contendidos como en el continente. Fue una reforma hecha por “psicopedagócratas” que no tenían ningún contacto con las aulas. Una utopía pseudoprogresista más que llevó a las clases la violencia, la anarquía y el cachondeo.

 

El problema básico que tuvo es que no se le dotó de medios económicos. Todo era ideología y palabrería. Se hicieron miles de cursos, se forraron de dinero los sindicatos, los centros privados y unos pocos profesores. Ellos se chuparon toda la pasta y nosotros los problemas, y fue a costa de restarles tiempo a los profesores de sus horas complementarias. La calidad en la enseñanza, como en otros trabajos, tiene que partir de la base de subir el presupuesto económico para bajar la ratio profesor/alumnos, dotando a los colegios y las aulas de ordenadores, medios telemáticos, buenos libros con controles de calidad, libros centrados en contenidos científicos, no ideológicos, y escritos por profesionales, no por chiquilicuatres ni por predicadores fanáticos de paraísos idílicos.

 

El dinero de la enseñanza tiene que ir para dotar de medios a los colegios, los institutos y las universidades, no para las “psicopedaempresas” de cursillos ni los “psicopedamedradores”, que ni saben lo que enseñan ni lo que enseñan para enseñar está contrastado por la experiencia. La LOGSE ha sido una “rebuzlución” que  se ha cargado el nivel científico y vocacional que tenía los  licenciados, los profesores de Bachiller, para imponerles la mentalidad del maestro de escuela de los años setenta y la pedagogía sobre la didáctica. En esto ha pasado como en los sindicatos y la política, que han terminado imponiéndose los que no tienen otra cosa que hacer.

 

La democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos, pero como todo en la vida esta sometida a la ley de la entropía. La democracia tiende a degenerar en demagogia y partitocracia mediocrática, y, llegado a un punto, tienen que surgir nuevos líderes que se hagan eco de la regeneración que reclama la ciudadanía. La sociedad civil avanza y las leyes y las instituciones se esclerotizan. Todo aquello que no funciona por sí mismo, por su propia productividad, se convierte en una carga en vez de un servicio. Y la carga de los niños mal educados se hace cada vez más pesada para la sociedad, porque la carcome desde dentro.

 

Javier Albert Gutiérrez