Los
consejos de un Rey
Pedro
González-Trevijano, rector de la universidad rey Juan
Carlos ( EL
Emperador Carlos V en Las Instrucciones de Palamós, de 4 de mayo de 1543,
daba los siguientes consejos al entonces Príncipe Felipe: «Habréis de ser,
hijo, en todo muy templado y moderado. Guardaos de ser furioso, y con la
furia nunca ejecutéis nada. Sé afable y humilde. Guardaos de seguir consejos
de mozos, ni de creer los malos de los viejos». Pues
bien, en un contexto histórico y constitucional incuestionablemente
diferente, pero con el mismo ánimo de aconsejar el mejor hacer del Heredero,
hemos conocido unas cartas remitidas por el Rey al Príncipe Don Felipe -que
entonces contaba diecisiete años- durante su último curso en el College School of Lakefield (1984/1985) en
Canadá. Unas exhortaciones que confirman lo que intuíamos: las claves del
excelente reinado de Don Juan Carlos en estos años. Unas recomendaciones
sobre la manera de comprender y ejercer De
entrada, su experimentada comprensión del papel de una Monarquía en un
régimen constitucional. Ya no nos encontramos -el Rey lo explica con
claridad- en los tiempos omnímodos del princeps legibus
solutus est -donde Y
una circunstancia añadida relevante: junto a las dos referenciadas
legitimidades, que podríamos denominar de origen, el Heredero habrá de saber
ganarse una simultánea legitimidad de ejercicio. Expresado, según la conocida
sentencia de Horacio, Rex eris,
si recte facies; esto es, «Rey eres, si actúas como
tal». O, de acuerdo con el rancio adagio medieval, «Vos no sois más que nos».
Vean al efecto las clarividentes palabras de Don Juan Carlos: «Ya no es
posible pensar que nos son dados graciosamente por nuestro nacimiento y
nuestra situación todos los derechos y privilegios. Es preciso ganarlos,
conservarlos y acrecentarlos día a día, con espíritu de entrega y de
servicio. Hoy ya no se da nada que no sepamos merecer». En
segundo término, se desgranan las atribuciones de un Rey en una Monarquía
parlamentaria. Unas competencias que el constituyente de 1978 prescribió en
nuestra Carta Magna: «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y
permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones,
asume la más alta representación del Estado español en las relaciones
internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y
ejerce las funciones que le atribuyen expresamente Matizadas
tales afirmaciones, más propias seguramente de las Monarquías
constitucionales del siglo XIX -que aún conservaban ámbitos de poder
ejecutivo-, que de las vigentes Monarquías parlamentarias, dichos rasgos
serían los propios de Y,
por último, el Rey hace una invocación realista sobre las complejidades del
oficio de rey: «De mí puedo decirte -prosigue Don Juan Carlos- que he tenido
en mi vida momentos muy delicados, llenos de incertidumbre, en los que he
debido soportar desaires y desprecios, incomprensiones y disgustos... Pero
precisamente en estas circunstancias de prueba, que hay que soportar con la
sonrisa en los labios, devolviendo amabilidades por groserías y perdonando
para ser perdonado, me han permitido madurar, endurecerme y recibir las
lecciones necesarias para que ahora pueda mirar hacia atrás con orgullo y
satisfacción». Completadas con unas lúcidas reflexiones sobre el concreto
modo de cumplir el cometido: «Hay que saber escuchar mucho, escuchar con
atención, para no ofender a quien te hable... pero también hablar con medida,
de manera discreta con amabilidad y buen tono, con sencillez y sentido del
humor. Saber callar es tan difícil como saber hablar. ¡Y hay tantas maneras
de callar mientras otro habla! Al que ha encontrado una buena manera de
callar cuando las circunstancias lo aconsejan, casi todo el mundo lo
entiende». Como prudentísimas son las admoniciones sobre la debida conducta
de un futuro Rey: «No te canses jamás de ser amable con cuantos te rodean y
con todos aquellos con los que hayas de tener relación... Has de mostrarte
animoso aunque estés cansado; amable aunque no te apetezca, atento aunque
carezcas de interés; servicial, aunque te cueste trabajo». Y
unas consideraciones sintetizadoras de la sabiduría de un reinado: «Piensa
que te juzgarán todos de una manera especial y por eso has de mostrarte
neutral, pero no vulgar; culto y enterado de los problemas, pero no pedante
ni presumido... Haz lo que yo te digo, pero no hagas lo que yo hago». Unos
consejos, en fin, pertinentes. Como dice Tom Burns, en PEDRO
GONZÁLEZ-TREVIJANO Rector
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